En una sociedad en que la violencia se ha convertido en un problema social, es preciso tomar conciencia de la gravedad de dicho problema y de la necesidad de asumir un rol como agentes de prevención y de cambio.
Para ello, se debe contar con los elementos que permitan detectar si nuestros niños sufren algún tipo de maltrato infantil. Y además, deberíamos saber qué hacer en cada caso.
Abuso físico, que causa daño físico o enfermedad, desde una leve contusión hasta una lesión mortal. Puede incluir hematomas, cortaduras, quemaduras, fracturas y lesiones internas.
Lossignos de abuso físico en un niño pueden ser los siguientes:
• Hematomas y contusiones inexplicables,
• Un cierto número de cicatrice,
• Marcas de quemaduras,
• Fracturas inexplicables
• Marcas de mordeduras de la medida de un adulto
El abuso físico de los niños existe en todos los grupos étnicos, religiosos, económicos y culturales.
También es importante detectar una serie de causales del maltrato infantil (clasificación no exhaustiva) al interior de las familias:
• La negligencia: desprotección, descuido y/o abandono
• Cambios en la estructura familiar: cuando se rompe el equilibrio del funcionamiento familiar se pueden dar casos de conductas violentas con los hijos.
• Malos tratos como forma natural y habitual de relacionamiento.
Barudy distingue cuatro situaciones en las que se generan situaciones de violencia intrafamiliar:
a. Carencia de los padres de cuidados maternales en su medio social y familiar durante su infancia
b. Carencia de los padres de una figura parental.
c. Carencias en la estructura familiar, alteraciones en la organización jerárquica de la familia.
d. Carencia de intercambios entre la familia y su entorno.
Mostrando entradas con la etiqueta Violencia infantil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Violencia infantil. Mostrar todas las entradas
domingo, 13 de enero de 2013
miércoles, 9 de enero de 2013
La familia y el niño
Cuando hablamos del “microsistema” del niño, son las relaciones entre el niño y su medio ambiente inmediato: la familia. Con el correr de los años, ésta ha sufrido grandes transformaciones.
“Se ha pasado de una familia extensa, viviendo dentro de un grupo social que desbordaba la familia, y donde los sujetos estaban en contacto con una pequeña comunidad dentro de la que mantenían lazos intensos, estrechos y continuos, a unidades familiares cada vez más reducidas y más aisladas, y donde el contacto con otros individuos está más regulado por factores externos que por las necesidades del individuo”.
A pesar de estos cambios, los adultos continúan desempeñando un papel determinante en el desarrollo del niño ya que son, en gran medida, quienes estimulan y crean las condiciones para su desarrollo físico, intelectual y social. Por esta razón, se debe prestar especial interés al conjunto de interacciones que se producen dentro del núcleo familiar para poder detectar aquellos factores que no estén contribuyendo al desarrollo armonioso del niño.
Ahora bien, ¿cuáles son esos factores? Según Garbarino, “el microsistema del niño se convierte en una fuente de riesgo para su desarrollo cuando es socialmente empobrecido. Es decir, el desarrollo del niño sufre siempre que el microsistema está limitado, ya sea porque hay muy pocos participantes o muy poca interacción recíproca, patrones de interacción psicológicamente destructivos, o alguna combinación de los tres”.
Estos factores contribuyen a que se produzcan situaciones de violencia intrafamiliar, en donde el niño o niña se ve afectado. Según definición de la Fundación PANIAMOR la violencia intrafamiliar es “cualquier acto u omisión llevado a cabo por miembros de la familia y cualquier condición resultante de estas acciones que priven a otros miembros de la familia de iguales derechos y libertades o que interfieran con su máximo desarrollo y libertad de elegir.
Es importante recordar que los padres que maltratan a sus hijos no siguen un patrón determinado. Sin embargo, existen ciertas características de los mismos que los hacen más vulnerables a tener conductas violentas con sus hijos.
Los casos de abuso en niños y niñas, son 15 veces más probable de ocurrir en familias en las que la violencia familiar está presente.
La violencia intrafamiliar hacia el menor, traducida en términos de abuso, de maltratos, tanto emocionales como físicos o sexuales, es una de las fuentes de riesgo más importantes para el desarrollo integral de niños y niñas.
Es difícil estimar con precisión sus costos personales y sociales, pero éstos se ven reflejados a través de problemas psicológicos, adicciones, suicidios, presencia de enfermedades recurrentes, ausentismo laboral, dificultades en la escuela y la falta de satisfacción de las necesidades, principalmente las afectivas.
“Se ha pasado de una familia extensa, viviendo dentro de un grupo social que desbordaba la familia, y donde los sujetos estaban en contacto con una pequeña comunidad dentro de la que mantenían lazos intensos, estrechos y continuos, a unidades familiares cada vez más reducidas y más aisladas, y donde el contacto con otros individuos está más regulado por factores externos que por las necesidades del individuo”.
A pesar de estos cambios, los adultos continúan desempeñando un papel determinante en el desarrollo del niño ya que son, en gran medida, quienes estimulan y crean las condiciones para su desarrollo físico, intelectual y social. Por esta razón, se debe prestar especial interés al conjunto de interacciones que se producen dentro del núcleo familiar para poder detectar aquellos factores que no estén contribuyendo al desarrollo armonioso del niño.
Ahora bien, ¿cuáles son esos factores? Según Garbarino, “el microsistema del niño se convierte en una fuente de riesgo para su desarrollo cuando es socialmente empobrecido. Es decir, el desarrollo del niño sufre siempre que el microsistema está limitado, ya sea porque hay muy pocos participantes o muy poca interacción recíproca, patrones de interacción psicológicamente destructivos, o alguna combinación de los tres”.
Estos factores contribuyen a que se produzcan situaciones de violencia intrafamiliar, en donde el niño o niña se ve afectado. Según definición de la Fundación PANIAMOR la violencia intrafamiliar es “cualquier acto u omisión llevado a cabo por miembros de la familia y cualquier condición resultante de estas acciones que priven a otros miembros de la familia de iguales derechos y libertades o que interfieran con su máximo desarrollo y libertad de elegir.
Es importante recordar que los padres que maltratan a sus hijos no siguen un patrón determinado. Sin embargo, existen ciertas características de los mismos que los hacen más vulnerables a tener conductas violentas con sus hijos.
Los casos de abuso en niños y niñas, son 15 veces más probable de ocurrir en familias en las que la violencia familiar está presente.
La violencia intrafamiliar hacia el menor, traducida en términos de abuso, de maltratos, tanto emocionales como físicos o sexuales, es una de las fuentes de riesgo más importantes para el desarrollo integral de niños y niñas.
Es difícil estimar con precisión sus costos personales y sociales, pero éstos se ven reflejados a través de problemas psicológicos, adicciones, suicidios, presencia de enfermedades recurrentes, ausentismo laboral, dificultades en la escuela y la falta de satisfacción de las necesidades, principalmente las afectivas.
lunes, 7 de enero de 2013
¿Todo castigo físico es necesariamente maltrato infantil?
Un simple palmazo no es necesariamente traumático. De ser así, no por ello sería malo. Uno porque en el caso de la cultura popular de diversos grupos étnicos, existe el castigo físico, algunas veces es muy cruel, hay que reconocerlo, pero los padres no van a recurrir a los psicólogos para corregir una conducta que consideren equivocada, desde sus patrones culturales.
En una realidad en la que no existiera el castigo físico y se desarrollan individuos sin traumas de este tipo. Estarían desprovistos de experiencias de este tipo para afrontar situaciones difíciles. Por otro lado, las observaciones sistemáticas sobre los grupos de adolescentes y jóvenes urbanos en los últimos tiempos muestran tendencias autodestructivas y una fuerte carga de agresividad hacia los otros que, algunas veces son canalizadas hacia actividades que pueden ser consideradas como positivas como la práctica de algún deporte o de alguna actividad artística.
Un individuo que no haya sufrido en su niñez ninguna agresión de este tipo se hallaría en desventaja ante los otros que pretenden agredirlo. En medios de prensa han salido, casos de agresiones policiales contra adolescentes o jóvenes que han sido criados en ambientes tolerantes y, supuestamente sin agresiones físicas, aunque si en ambientes de mucha agresión verbal y simbólica.
Estos han mostrado su extrañeza, en realidad su ingenuidad ante estos aspectos de nuestra realidad cotidiana. Este comentario no quiere decir que sea partidario de los maltratos físicos, pero hay que reconocer que hay agresiones psicológicas que son más traumáticas que una pateadura.
Muchos casos de conductas contraculturales se hubieran evitado si, en su momento, hubieran recibido la pateadura correspondiente. En el caso de querer educar a los padres y a las personas a una campaña contra la agresión infantil se nutre de buenos deseos, de objetivos loables, pero que parece no haber comprendido los aspectos reales de la socialización en diferentes estratos sociales. En sociología, especialmente en Giddens, existe un concepto que se llama "las consecuencias imprevistas de la acción", que muestra como las acciones humanas no responden siempre a los objetivos racionales y que, la mayoría de veces, los resultados son contrarios a las intenciones.
En la línea de Schutz y de Berger y Luckman. El discurso de algunos defensores de los castigos no físicos parte de una formulación teórica que no necesariamente ha sido discutida y contrastada con los patrones culturales de nuestro medio y que, muchas veces, se encuentra desfasada del contexto.
En una realidad en la que no existiera el castigo físico y se desarrollan individuos sin traumas de este tipo. Estarían desprovistos de experiencias de este tipo para afrontar situaciones difíciles. Por otro lado, las observaciones sistemáticas sobre los grupos de adolescentes y jóvenes urbanos en los últimos tiempos muestran tendencias autodestructivas y una fuerte carga de agresividad hacia los otros que, algunas veces son canalizadas hacia actividades que pueden ser consideradas como positivas como la práctica de algún deporte o de alguna actividad artística.
Un individuo que no haya sufrido en su niñez ninguna agresión de este tipo se hallaría en desventaja ante los otros que pretenden agredirlo. En medios de prensa han salido, casos de agresiones policiales contra adolescentes o jóvenes que han sido criados en ambientes tolerantes y, supuestamente sin agresiones físicas, aunque si en ambientes de mucha agresión verbal y simbólica.
Estos han mostrado su extrañeza, en realidad su ingenuidad ante estos aspectos de nuestra realidad cotidiana. Este comentario no quiere decir que sea partidario de los maltratos físicos, pero hay que reconocer que hay agresiones psicológicas que son más traumáticas que una pateadura.
Muchos casos de conductas contraculturales se hubieran evitado si, en su momento, hubieran recibido la pateadura correspondiente. En el caso de querer educar a los padres y a las personas a una campaña contra la agresión infantil se nutre de buenos deseos, de objetivos loables, pero que parece no haber comprendido los aspectos reales de la socialización en diferentes estratos sociales. En sociología, especialmente en Giddens, existe un concepto que se llama "las consecuencias imprevistas de la acción", que muestra como las acciones humanas no responden siempre a los objetivos racionales y que, la mayoría de veces, los resultados son contrarios a las intenciones.
En la línea de Schutz y de Berger y Luckman. El discurso de algunos defensores de los castigos no físicos parte de una formulación teórica que no necesariamente ha sido discutida y contrastada con los patrones culturales de nuestro medio y que, muchas veces, se encuentra desfasada del contexto.
jueves, 3 de enero de 2013
Violencia a menores de edad
El maltrato a menores de edad es un problema social que concierne a todos, del cual no se tiene la suficiente información para saber a lo que se encuentran expuestos, por lo tanto las personas no están al tanto de las leyes que protegen a los infantes y por consiguiente, ellos no conocen sus derechos, o que hacer cuando son víctimas del maltrato.
Al abordar el maltrato infantil nos vemos enfrentados a una serie de problemas. Por un lado, existe un desconocimiento de la verdadera magnitud del fenómeno debido a que no se cuenta con datos y que el tema, en muchos casos se remite a los espacios más íntimos de la convivencia familiar.
Existen diversas opiniones en cuanto a su definición y clasificación, así como también a las consecuencias que el maltrato infantil pueda tener y su consecuente manejo terapéutico.
El artículo 19 de la Convención sobre los Derechos del Niño establece que los países “tomarán todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas adecuadas para proteger al niño de toda forma de violencia física o mental, de traumatismos o de maltratos, de descuidos o tratamiento negligente, de maltrato o de explotación, en especial del abuso sexual, mientras se encuentre al cuidado de sus padres, del guardián legal o de cualquier otra persona que esté al cuidado del niño”.
En enero y junio del 2011, el Compina, a través de sus dos Juntas Metropolitanas de Protección de Derechos (JMPD) resolvió 906 casos de maltrato y se prevé que hasta finalizar este año la cifra pueda alcanzar los 1.900. Solo en el primer semestre las JMPD ubicadas en el centro histórico y la Delicia, en la capital, receptaron 715 denuncias por maltrato psicológico y 642 por maltrato físico.
En la provincia del Guayas según cifras del Instituto del Niño y la Familia (INFA) obtenidas en los centros de restitución de derechos que funcionan en Guayas, en el 2010 se reportaron 2.650 casos de abandono o negligencia de los padres o responsables del cuidado de los menores de edad. Ese es el principal tipo de maltrato; le siguen las agresiones físicas, con 980 hechos; psicológicas, con 837 denuncias; y abuso sexual, que dejó en un año 850 víctimas.
No se pueden tapar los ojos de las personas ante este tipo de situaciones, a diario las cifras de violencia infantil crecen y no se hace nada por parar estos abusos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
